Ayer fue de lo más aburrido e incómodo. A pesar de que me gusta asesinar, ir a funerales resulta molesto. Esta vez yo no tuve nada que ver. Murió un pequeño sobrino que se ahogó en su piscina.
Lo enfadoso de ir a esos rituales es que, primero, te hacen esperar. Pasa el tiempo y ves a tu alrededor. Puedes ver que la gente está muy seria (algunos hasta llorando y aun no llega el difunto) y rara vez alguno se atreve a hablar. Lo divertido es que ese tipo de cosas es lo único que une a la familia. Me pregunto cuántas familias se han reunido por culpa mía. Perdí la cuenta hace tiempo, pero eso no importa. Pasó media hora y al fin llega el difunto y su familia directa con el rostro bañado en lágrimas.
Como sea, si me molestó estar ahí, más molesto me resulta describirlo. Yo solía visitar a esa familia y me la pasaba bien. Ahora que los veo dudo volver a visitarlos. Me alegra no ser un buen amigo suyo ya que tendría que apoyarlos y me habría quedado más tiempo en el funeral. Ignoro porqué fui.
Es por eso que evito que la gente se me acerque hasta cierto punto. Lo más común que pasa es que hacen algo o me regalan algo especial y yo no sé cómo reaccionar. Es obvio que no siento nada, pero no quiero que ellos descubran quien soy en realidad. Así que lo más fácil es fingir.
He perdido amistades por no saber qué cara poner o qué palabras decir. Igual y un par de amistades no importan, siempre es fácil encontrar más. Lo difícil es seguir siendo ese que ellos creen que soy, quien soy yo e incluso a veces: quien creo yo que soy. Porque no siempre se sabe quién es uno mismo. Todos en algún momento se desconocen. Pero ¿quién se conoce en absoluto? Ni siquiera sabemos de qué somos capaces hasta que (a veces accidentalmente) lo hacemos.
Siempre me he dicho a mí mismo: soy un espectador; mi mente y mi cuerpo son el artista. Y ese artista prueba con diferentes cosas para ver qué me gusta. Yo no puedo controlar qué pensar, y quizá sí puedo controlar lo que hago, pero descubrí que la vida es más divertida si haces lo que quieres. Lo raro es que nunca siento más allá de una simple satisfacción.
Y algo que he aprendido es que no debo sentirme culpable por lo que siento, pienso y hago. Nadie es culpable de sus acciones. Todos son inocentes desde cualquier punto de vista. Y la forma más fácil de explicarlo es que, si hay un dios, él es el culpable de mi existencia y de mi pensar. El libre albedrío contradice a un dios. Más aun si este es omnisciente y omnipotente. Porque de este modo él ya sabría desde antes de nuestra existencia quienes seremos y cómo seremos. Siendo omnipotente lo podría cambiar o podría evitar que existiéramos. Al castigarnos se castigaría a sí mismo.
Pero si no hay un dios y nos preguntamos: ¿por qué hay gente que asesina? se nos dirá que están enfermos o tienen algún trauma. Y si preguntamos: ¿por qué están enfermos? quizá respondan que es por algún error genético algo así. Pero si insistimos preguntando: ¿por qué? ¿por qué? y ¿por qué? llegaremos al punto del origen de todo. Donde todo nació. Y ahí sí que nadie tiene la culpa. Nadie es culpable de haber nacido.

hey!! me kde leyedno tu blog y si esta bastante interesante, (me suscribo) para tu edad posees d una un grado filosofico muy avanzado, me ha despertado el interes en tu historia, como q k el psicopata siente el deleite con respecto a la muerte?? pienso q en el fondo es una salida alternativa o una forma d escape d su realidad, acaso el es un... Misantropo? en fin sea cual sea el caso me gustaria q me lo acalararas, en fin,pero en si esta bastante entretenida la obra..
ResponderEliminarMuy interesante tu texto... este blog tiene un futuro prometedor... saludos oscuros..!!
ResponderEliminardejame decir....que me a gustado mucho todo lo q e leido, as logrado abrir mis grandes ojos °°
ResponderEliminarte seguire muhahahah Ö