Al ir caminando de regreso a mi casa (se me ocurrió ir a comprar a la tienda que está a la vuelta de la cuadra) vi a Doña Güicha en su patio regando las plantas, espiándome. No la miré directamente para que no creyera que sé lo que hace. Posiblemente creyó que ni siquiera me di cuenta de que ahí estaba. Decidí hablar con ella. Cuando llegué a donde estaba, parecía que ya me había perdido de vista y al saludarla volteó dando un brinco de susto. Es obvio que ella sabe algo. Su rostro con miedo y sorprendido hizo que incluso yo sintiera algo de nervios.
Comencé por saludarla y por decirle lástima lo que le pasó al vecino, ¿no cree?
Inmediatamente volteó la mirada dándome la espalda y continuó regando las flores.
Sí, es... es, es una lástima, me respondió tartamudeando. Volteé hacia mis pies y vi unas tijeras de jardín muy viejas, posiblemente ya oxidadas. Maldita sea, ¿cómo es que nunca se le ocurrió que andar espiando a la gente le podría traer un problema así?
Comencé por saludarla y por decirle lástima lo que le pasó al vecino, ¿no cree?
Inmediatamente volteó la mirada dándome la espalda y continuó regando las flores.
Sí, es... es, es una lástima, me respondió tartamudeando. Volteé hacia mis pies y vi unas tijeras de jardín muy viejas, posiblemente ya oxidadas. Maldita sea, ¿cómo es que nunca se le ocurrió que andar espiando a la gente le podría traer un problema así?