Lo que me inspira a matar, aparte de ver la reacción de las víctimas ante la muerte, es que tú leas lo que escribo. En cuanto a mí, ¿qué puedo decir? Podría ser cualquiera; tu vecino, tu compañero de trabajo, de estudios... Quizá he pasado frente a ti caminando con amigos como una persona muy normal. ¿Has pensado en que cualquier persona que consideres normal, amigo, conocido... puede ser un asesino? En fin, no es que quiera causar paranoia a mis lectores; mis queridos lectores. Esto que hago es arte, la escritura es un arte. Todos buscan inspiración, yo la encuentro asesinando. Dime, ¿alguna vez te habías sentido incómodo porque alguien te pidiera que fueras su inspiración?

sábado, 17 de abril de 2010

La quiero

Es extraño, pero he pensado en matarla, a ella. No sé qué clase de sentimiento me llega cuando la veo o comienzo a recordarla. No entiendo lo que me pasa. Me pregunto qué tan difícil ha de haber sido para los principios del lenguaje llegar a asignar una palabra a cada sentimiento, es decir, diferenciar a cada uno y nombrarlos. Mi madre decía que siempre hay una primera vez para todo. Quizá ese dicho no se aplique a todo, pero la maldita tuvo razón esta vez.

Algo me hace quererla. Siempre he estado acostumbrado a tener razones, pero ahora simplemente es algo que está ahí y no se va. ¿Cómo pueden vivir las personas así? Ahora veo que les hago un favor al matarlas. Aunque lo del perro fue un favor a mí mismo, ya puedo dormir tranquilamente.
Cuando me pongo a leer y por algún o ningún motivo pienso en ella no puedo concentrarme por estar dibujando en mi mente su rostro o por recordar algún momento que hemos pasado juntos. La verdad es que a una parte de mí le gusta recordar eso, pero a la otra parte le provoca repulsión. Me da igual si siente o no lo mismo, mi sentimiento no cambia. No es algo que yo controle, si por mí fuera volvería a no sentir nada.
Desde que empecé a sentir interés por ella me he estado distrayendo mucho. Deberé tener cuidado con lo que haga, quizá me arrepienta después. Un día queremos algo y al siguiente nada.

He visto películas de amor y se me hacen estúpidas. No las entiendo. Pero ahora se me hace más estúpido vivir algo así. Sobre amor sólo he leído un poema que ha logrado llamarme la atención, de Rosario Castellanos:



Matamos lo que amamos. Lo demás

no ha estado vivo nunca.

Ninguno está tan cerca. A ningún otro hiere

un olvido, una ausencia, a veces menos.

Matamos lo que amamos. ¡Que cese esa asfixia

de respirar con un pulmón ajeno!

El aire no es bastante

para los dos. Y no basta la tierra para los cuerpos juntos

y la ración de la esperanza es poca

y el dolor no se puede compartir.

Hasta aquí, la primera estrofa. Es muy interesante la forma en que empieza. ¿Alguna vez has pensado en matar a alguien? Apuesto a que sí. Quizá lo pensaste, pero decidiste que el pensamiento era demasiado fuerte y que es algo que jamás harías. El problema empieza, no por matar, sino, desde que te permites a ti mismo pensar en la posibilidad de hacerlo. Ahí es cuando tienes que elegir entre tomar una decisión u olvidarlo. O dejar que pase el tiempo, ver cómo reaccionas a eso.

Es extraño, hasta ahora he decidido que la quiero... la quiero matar.